La Colección de Arte Italiano
La colección de arte italiano del Museo Nacional comprende cerca de 300 obras, en su mayoría pinturas, que cubren el período desde el siglo XIV hasta el XIX y cuyo nivel de calidad y representatividad por siglos es variado. Del total de piezas se exhibe permanentemente alrededor de una sexta parte incluyendo temas sacros y profanos. En estas salas hallan cabida los exponentes más importantes y una selección de lo mejor que atesora el Museo.
Del siglo XIV se muestran dospequeñas tablas, dentro de la concepción del icono, una de ellas pertenecientes a Ugolino Neri o de Siena y otra de las escuela sienesa. El primer conjunto importante de obras de las salas italiana es el que corresponde a la pintura los siglos XV y XVI. La gran tabla de Vittore Carpaccio, titulada la recepción de un legado (ca. 1490), es una imagen de la vida pública veneciana de la época, descrita con caracteres de narratividad. Contrasta la escuela florentina con la veneciana y de ello da fe un retrato del Gran Duque Cosme I de Médicis del taller del Broncino. Otros aspectos de la época se aprecian en la sala pero resaltar un hermoso cuadro del Bassano con el tema de San Cristobal, una de las pinturas europeas que desde más tiempo se encuentran en Cuba, donada en 1841. Es un interesante ejemplo del manierismo.
En el siglo XVII la estética barroca surge con fuerza en Italia con al figura del Caravaggio, del cual no tenemos ningún espécimen, pero si un magnifica San Francisco de Asís, debido a la mano de Luca Giordano, alumno del heredero directo del Caravaggio, el español José de Ribera. A este tipo de pintura apasionada y dramática sirve de contrapeso la fría corrección académica del arte de Guido Reni con la virgen y el niño. Otros ejemplos como una vista de la arquitectura de Viviano Codazzi complementan una visión discreta pero representativa de la pintura italiana del momento.
La sala dedicada al siglo XVIII cuenta con memorables representaciones de una de las manifestaciones que mejor caracterisan en la nación sudeuropea y particularmente en Venecia: la “veduta”, es decir, una vista. Cuadros con escenas urbanas de esta ciudad , muy populares en el siglo XVIII, no solo en Italia, sino en otras partes, sobre todo en Inglaterra, donde era muy demandada: El Canaletto (Giovani Antonio Canal), Francesco Guardi y Michele Marieschi recrean la imagen de la Ciudad de las Lagunas en sus pinturas valiosas. Son ellos pilares del vedutismoque cantará las bellezas de esta urbe.Pietro Longhi, con el retrato de una dama veneciana confirma el prestigio de la pintura de esta escuela, complementada con otras muestras del arte de este período, entre ellas los cuadros de las ruinas romanas del renombrado Giovanni Paolo Pannini.
Un acápite particular de la pintura italiana es el dedicado al siglo XIX, presentada como un recorrido somero por algunos exponentes de la pintura sentimental y anecdótica prolífera en la época dentro del marco académico y que aun hoy despierta evocaciones ensoñadoras y agradables nutridas del color de las paletas de muchos pintores. Muchacha frente a un espejo, de E. Reggianini, o Egipcia, de Egisto Ferroni, son ejemplos de esta clase de cuadros, en ocasiones de manifiesta vistuosidad. Algunos retratos, de entre los cuales se destaca La Marquesa de Pinar del Río, ejecutado por el gran Giovanni Boldini, ilustran el cultivo de la manifestación en la época. Un lugar partícular en cuanto a la preferencia expresada por el público durante mucho tiempo lo tiene la escultura la Dama velada, de B. Lombardi