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Museo de Arte Universal. Centro Asturiano de La Habana (1927)

Esta institución, una de las más numerosas -y poderosas- de las asociaciones regionales españolas en Cuba, había sido fundada el 2 de mayo de 1886; la importancia de la inmigración queda demostrada por el hecho de que en 1927 (sólo cuatro décadas después de su fundación) ya contaba con 60,000 asociados.

El primitivo edificio ocupaba parte de la parcela actual, era un edificio de madera e integraba también el Teatro Campoamor y fue destruído por un incendio el 24 de octubre de 1918. De inmediato se propone la edificación de una nueva sede a construir con el aporte económico de los asociados. El arquitecto asturiano Manuel del Busto ganó el proyecto en concurso para el cual el Arquitecto Oficial del Centro "hizo y redactó" ciinco proyectos: un edificio de ocho plantas con sótano, roof garden y sin teatro, el mismo edificio, pero incluyendo un teatro, otros dos proyectos de edificio de cuatro plantas con y sin teatro y una quinta propuesta (proyectado por Luis Betancourt), utilizando las estructuras del viejo Teatro "Campoamor".

En diciembre de 1924 se firma el contrato entre el Centro Asturiano y la Purdy & Henderson Company, firma norteamericana establecida en Nueva York desde 1888, y radicada en Cuba desde 1899. Esta compañía constructora, sólidamente vinculada también a las esferas oficiales, ejecuta una buena parte de las más significativas edificaciones de La Habana del primer tercio del siglo XX: el Banco Nacional de Cuba, la Lonja del Comercio, la restauración del Hotel Inglaterra, el Hotel Plaza, el vecino Centro Gallego y el Teatro Nacional y posteriormente, el monumental Capitolio Nacional.

Tras la firma del contrato, se acometen de inmediato las obras de desmonte y remoción de las ruinas del incendio, excavaciones, demolición del antiguo teatro "Campoamor", la extracción y acarreo de tierras...

Este edificio resulta especialmente significativo, tanto por el volumen de edificación - y algunas unidades constructivas - como por las modernas técnicas de ingeniería empleadas: armazón estructural de acero (2,064 toneladas suministradas por la American Steel Company of Cuba), con recubrimientos de piedra (4180 m3. de piedra de Capellanía) y ladrillos, y losas de hormigón. Como datos interesantes, una publicación de la época, dedicada al edificio (1), señala algunos aspectos notables para la época: la cimentación del cuadro y ángulo sobre el que descansa la torre principal, en la esquina de las calles Zulueta y San Rafael, construída y armada para recibir una carga de 4,500 toneladas y los trabajos de impermeabilización del sótano con 400 barriles de Asfalto B-2 (Texas Company) que, mezclado con concreto forman una capa aislante.

En toda la edificación se emplearon los más importantes y ricos materiales importados y nacionales e intervinieron también múltiples talleres y empresas cubanas vinculadas a la construcción. En 140 días se colocaron 1,250 toneladas de mármoles procedentes de Italia, España y Estados Unidos bajo la dirección de José Pennino; así como pisos de granito (terrazo) por Luis Mión; otros importantes trabajos se ejecutaron en yesos (Casa Concistre), carpinteria elaborada con cedro y caobas cubanas, pinturas decorativas a la tempera (Ballesteros y Cía.), herrería ornamental interior y exterior, incluyendo las dos marquesinas exteriores. La vidriera emplomada que cubre la caja de escalera fue construida por la casa Maumejean Hnos. de Madrid y las 578 lámparas decorativas de bronce fundido, repasado a cincel, con plaquetas de cristal de Bohemia, proceden de la casa Terán y Aguiar, también madrileña.

El costo total de las obras ascendió a cinco millones de pesos y el tiempo de ejecución fue de tres años, contando con una fuerza de trabajo de 210 obreros diarios como promedio.

Sin embargo, también existieron entonces desacuerdos y críticas a algunos de los trabajos realizados; uno de los blancos fundamentales de estas críticas fue la pintura de la bóveda:

“en 1927, el encargo a este... artista (Mariano Miguel González) de la pintura que ornamentó el techo del Salón de Fiestas del nuevo Palacio del Centro, llegó a producirse una polémica al juzgarse inadecuado su desempeño. Por lo común importaba mas al criterio práctico de los indianos en Ultramar la excelencia de la arquitectura que la de la pintura. Pero para el nuevo edificio social del Centro, encargado al prestigioso arquitecto Manuel del Busto, que viajó desde Asturias a La Habana para realizarlo, se recurrió también a un pintor de prestigio que había trabajado en las mas importantes decoraciones del país: la del Palacio Presidencial de La Habana.

Las críticas realizadas a la decoración y al director artístico, el mismo Busto, que la había aprobado, fueron suscritas por los socios Luis R. Rodríguez, Armenio La Villa y Constantino Junco. Se indicó que el artista había estado "desacertadísimo en la interpretación de ciertas escenas preten (cio) samente asturianas y en el colorido de nubes y paisajes". Fue Constantino Junco, con una formación adquirida en las clases de dibujo impartidas en el propio Centro, en las que obtuvo numerosos premios, el iniciador de la polémica. El resto de la decoración es de un eclecticismo abigarrado, con rasgos historicistas de estilo neorrenacimiento y concurso de diferentes motivos decorativos en azulejos (con escenas del Quijote y una reproducción de Los Borrachos de Velázquez en el Café) y vidrieras (con las carabelas de Colón, en la claraboya de la escalera de honor), y sobreabundancia de representaciones del escudo de Asturias en tapices (uno de la Real Fábrica con asunto regional asturiano se colocó en el despacho del Presidente), y cueros (repujados, en los sillones fraileros y sillas del Café y del Salón de sesiones) (2)

En las dos primeras décadas del siglo XX se erigen en la zona, dignos antecedentes del edificio que nos ocupa, como el Centro Gallego (1915, arquitecto Paul Belau) y el Palacio Presidencial (1920, arquitectos Paul Belau y Carlos Maruri) que "despertaron en el centro urbano la tendencia a siluetar o dibujar una imagen formal reconocible a partir de la propia concepción monumental del edificio" (3) y así una serie de edificios, quizás de menor jerarquía, pero afectados por idéntica concepción historicista, tendencia que domina en la zona en este período, lo que no deja de constituír una cierta disociación de la realidad urbana donde se insertan, como reflejo de la anarquía que caracteriza la zona ante todo por la ausencia "de un plan director que regulara las obras de urbanización en curso y previera las del futuro, a nivel de toda la ciudad (4).

Si algún intento se realizó en el sentido de unificar y conformar nuevos espacios, se puede señalar -casi de forma excepcional - , la remodelación de la ancha vía entre el Parque de Albear y el Parque Central, con amplias aceras, farolas monumentales y arbustos (el edificio orienta su fachada principal no hacia el Parque Central sino que abre hacia este espacio, lo que le confiere una clara intención de diferenciación urbana con SUS contemporáneos de la zona); este espacio hoy constituye la antesala del edificio actual del Antiguo Centro Asturiano, transformado en museo.

Y, mientras se erigía lentamente el Capitolio Nacional, ejemplo cimero del "despliegue ornamental de la arquitectura republicana" (5), se levanta -se reedifica sobre la parcela de otro edificio mas antiguo - el Centro Asturiano que al decir de algunos vendría a superar a otros edificios similares construídos por las sociedades regionales españolas en Cuba.

En este, alcanzan su culminación los códigos del eclecticismo español, en el que se mezclan el barroco y el plateresco, traducidos en una, a veces, excesiva decoración a base de íconos y símbolos regionales, todo dominado por una fuerte tendencia ceremonial y escenográfica, muy manifiesta en la caja de escalera, coronada por un inmenso lucernario con escenas que describen el descubrimiento de América por Cristóbal Colón; y mas aún por las cuatro torres diferentes que, superando las del vecino Centro Gallego, constituyen verdaderos hitos de las visuales de la zona, e incluso desde la Plaza de Armas del Centro Histórico, a lo largo de la calle Obispo, acentuando un verdadero eje visual urbano.


Notas

1.Centro Asturiano de La Habana. Nuevo Edificio Social.La Habana, 1926 (Comisión Pro-Sanatorio de Asturias)

2.El Libro de/ Centro Asturiano de La Habana. La Habana, 1928. Ver págs, 546 y 552; un fragmento de la decoración se reproduce en la pág. 695

3.Centro Asturiano de La Habana; nuevo Palacio Social S/a. 1928 (folleto editado por Purdy & Henderson Company)

4. Venegas Fornias, Carlos. La urbanización de las murallas: dependencia y modernidad. Ed. Letras cubanas, La Habana, 1990.

5. Ibid.